miércoles, 12 de enero de 2011

Una despedida turbulenta, incómoda, insuficiente. Nos quedamos los dos mirando hacia el piso, - esto no está bien -, merecemos algo mucho mejor que eso. Sabíamos todo lo que luchamos y nos lastimamos, pero volvimos a pelear para que esto suceda de la forma que esperabamos, y sólo pudimos despedirnos con un "adiós". Había pocas probabilidades, pero igual lo sentimos como nuestra última mirada a los ojos y nuestro último beso apurado. No me conformé, no te conformaste. Cada uno siguió con su noche, su camino, pero no podía terminar asi. Con escasos minutos, el destino nos dió tregua. Con la comodidad plena de estar juntos nuevamente, me dijiste eso que vos sabés que tanto esperaba. Lo esperaba muchísimo más de lo que jamás vas a poder imaginar, volver a esa figurita repetida, retornar a los recuerdos buenos que no dejamos ir. Mi cabeza y la tuya pusieron en la balanza todo, todo lo que teníamos, y sin embargo, nada pesa más que el "si". Y después de eso, la despedida fue más parecida a nuestro sueño, aunque nunca quisimos despedirnos realmente.
Como la hoja de ruta que se hace al empezar un camino, asi es Enero, con principio y con final conocidos desde la largada. A menos de un paso de distancia, parados casi en la misma baldoza, pero a dos mil pies de la realidad que se lleva lo unico que tenemos, lo que nos diferencia. Te quiero conmigo.